El papel de la Banca en la recuperación económica

Estamos viviendo una situación inédita en nuestras vidas, provocada por la pandemia mundial del virus Covid-19, que ha removido profundamente los pilares de nuestra sociedad. Hemos tenido que asimilar unas cifras de fallecimientos inasumibles, cuya contención se ha convertido en el objetivo único y fundamental para los gobiernos, y desde un primer momento ha sido decisivo para la toma de decisiones. Esto ha dado lugar a la paralización total de nuestra actividad, con la excepción de aquellas que son esenciales para nuestra subsistencia.

Como consecuencia de esta situación, tendremos que afrontar posiblemente la mayor crisis económica que hayamos conocido y una profunda reestructuración de nuestro sistema económico y de nuestro mercado laboral. Tenemos la experiencia de haber pasado recientemente por otra crisis económica, que había puesto de manifiesto la profunda debilidad de nuestro sistema financiero y la incapacidad de los mercados para autorregularse.

Recientemente, las entidades financieras se han prodigado en manifestar sus intenciones de convertirse en parte de la solución para poder salir de esta crisis que se avecina, con el fin de poder compensar las políticas de ajustes a las que nos hemos visto sometidos y debido a las ayudas necesarias para acometer la reestructuración del sistema financiero durante la anterior crisis.

Sin embargo, en UGT estamos constatando diversas actuaciones que no se corresponden con las intenciones manifestadas desde las cúpulas de dichas entidades. Por ello creemos que se debe analizar en profundidad cuál es la situación del sistema financiero y cuál debe ser el rumbo que tome en la necesaria recuperación de esa crisis.

Partimos de una situación donde la reducción de márgenes, por un prolongado escenario de tipos de interés bajos, ha provocado una dinámica de búsqueda de saneamiento de los balances vía comisiones. De este modo se ha instaurado en la actividad diaria de las plantillas la comercialización de productos que generen altas comisiones, bajo una constante presión de sus mandos intermedios, que lejos de convertirse en un apoyo para la actividad diaria, han pasado a asumir un papel de meros controladores de la producción individual de las personas que tienen a su cargo.

Ante la dramática situación que están soportando muchas empresas, sobre todo pymes y autónomos que suponen la inmensa mayoría del tejido empresarial de este país, tanto el Estado como algunas Comunidades Autónomos han implementado una serie de productos (préstamos avalados, moratorias hipotecarias, rescates de planes de pensiones,…) encaminados a dotar de liquidez a estas empresas y a sus plantillas, intentando que esta crisis sea solo un paréntesis en su actividad y que puedan tener viabilidad una vez superada la misma. Aquí es donde es necesario el papel de las entidades financieras, como catalizadoras de estas soluciones a las empresas y a las personas. En cambio, desde UGT hemos sido testigos de diversas actuaciones contrarias al espíritu que la normativa pretende regular, como condicionar la concesión de operaciones avaladas a la comercialización de seguros vinculados, o como el ofrecimiento de sustituir financiación nueva por las solicitudes de rescates de planes de pensiones.

Estas actuaciones son fruto de la dinámica imperante en todo el sector financiero, por la cual se ejerce una presión desmedida sobre las plantillas, con el fin de que cumplan con sus objetivos individualizados. Si realmente las entidades financieras pretenden aportar soluciones para la salida de esta crisis, tienen que ser capaces de cambiar esta dinámica drásticamente, ocupándose exclusivamente de aportar la cobertura necesaria para que su clientela encuentre las soluciones que demanda. Las cúpulas directivas tienen que encargarse de instaurar un clima de apoyo a la sociedad, sin vincular la actividad bancaria a los beneficios durante este periodo de recuperación.

En otro orden de cosas, el sector financiero acometerá una nueva realidad, provocada por la ya anunciada digitalización, que esta crisis no hará más que acelerar. La prueba más palpable de ello es la extensión del teletrabajo durante este período, así como la canalización mayoritaria de operaciones hacia canales telemáticos. Esta transformación es inevitable, pero requiere de unas condiciones que ahora mismo no se están cumpliendo.

Por una parte, la implantación del teletrabajo, que UGT siempre ha defendido como medida de conciliación, tiene que combinarse con el registro efectivo de la jornada y con todas las medidas que propicien el derecho a la desconexión de los trabajadores y trabajadoras que permanezcan en esta modalidad de prestación de servicios. No se puede permitir que el teletrabajo se desempeñe sin ningún control de la jornada y con cargas de trabajo excesivas, que supongan la realización de unas horas extraordinarias no pagadas ni cotizadas, como está sucediendo en estos momentos.

El proceso de digitalización no puede ser excluyente, ya que, como hemos analizado desde UGT en repetidas ocasiones, hoy en día los servicios financieros son servicios fundamentales y no toda la población disfruta de las conexiones, o de los conocimientos necesarios, para relacionarse telemáticamente con su banco. La exclusión financiera genera una exclusión social que las entidades no pueden fomentar, fijando su prestación de servicios con criterios puramente mercantilistas.

Además, esta transformación del sector financiero no puede generar una vez más pérdida de empleos de calidad, como ha sucedido en la anterior crisis en la que se ha destruido empleo, muchas veces a costa de subcontratar servicios en precario.

Por consiguiente, desde UGT queremos poner de manifiesto que las simples declaraciones de buenas intenciones por parte de las entidades financieras no son suficiente, sino que también son necesarias nuevas formas de actuación para que la banca sea parte de la solución y no vuelva a formar parte del problema, tanto en el proceso de recuperación de esta crisis, como en el nuevo modelo que se diseñe para nuestro sistema financiero.

Esta sociedad necesita una actuación comprometida de la banca y no grandes declaraciones vacías de contenido. Tienen que formar parte de la solución, y nunca más ser el problema.